Los musulmanes pacíficos

Amos Oz

Amos Oz

La culpa es del fanatismo, no del islam. 

En estos días, muchos están furiosos con los musulmanes. No olvidemos que esto ante todo tiene que ver con unos fanáticos y no con los musulmanes. La peste del siglo XXI no es el islam sino el fanatismo. Los asesinatos de la semana pasada en París tienen mucho más en común con los cristianos violentos y los judíos racistas que con los musulmanes pacíficos.

Quizá sea hora de dejar de confundir el multiculturalismo y la corrección política con el relativismo moral absoluto. El asesinato es un mal absoluto, no un mal relativo. Algunos defensores del multiculturalismo radical, algunos creyentes en la corrección política fanática nos dicen: “Bueno, ustedes creen en la libertad de expresión, otros creen en Alá, ¿dónde está la diferencia entre ustedes y ellos?” La diferencia es que los que creen en la libertad de expresión no asesinan a los que creen en Alá, mientras que unos pocos de los que creen en Alá están masacrando a los que creen en la libertad de expresión.
El verano pasado estuve internado en un hospital y tuve una conversación con una joven enfermera árabe. Me dijo que millones de televidentes de todo el mundo ven manifestaciones callejeras de musulmanes extremistas que gritan eslóganes fanáticos y agitan los puños. Pero nadie ve en la television a los millones de musulmanes que, durante esas exaltadas manifestaciones, están sentados en su casa tras puertas y persianas cerradas, mordiéndose las uñas. Me rogó que siempre recordara no a los cientos de musulmanes militantes de las calles sino a los millones de musulmanes pacíficos que se quedan en casa.
En el mundo islámico hay enojo y sentimientos de derrota y humillación. Los musulmanes deberían tratar de lidiar con esos sentimientos. El problema de muchas sociedades musulmanas son los maridos que obligan a sus esposas a seguir siendo ignorantes y a estar aisladas. Una mujer sin educación tiene que darle a su hijo. Un hijo que recibe muy poco de su madre antes de ir a la escuela está casi destinado a quedar rezagado y a veces a convertirse en una persona frustrada e incluso violenta. Este podría ser uno de los problemas que tienen que abordar las comunidades musulmanas. Hasta que esto no ocurra, el resto de nosotros debemos trazar un límite muy claro entre el pluralismo y la sumisión, entre la tolerancia y la contemporización, entre dar un tratamiento estricto a los fanáticos violentos y reaccionar con un antifanatismo histérico.
Copyright Agencia Andrew Wylie, 2015.
Traducción: Elisa Carnelli.
Reflexiones
Este artículo me recuerda un evento en mi vida donde fui difamada por una mujer y de todas las personas involucradas de manera directa o indirecta, la única persona que creyó en mi, que mantuvo el respeto, la cordialidad, y la amabilidad, sin preguntar, interrogar o insinuar, fue una persona árabe-musulmán.

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