LAS LAMENTACIONES

lamentciones

LAS LAMENTACIONES

1(19 Álef. ¡Cómo ha quedado solitaria la ciudad que estaba llena de gente! ¡Cómo se ha tornado viuda! Ella, que era grande entre las naciones y princesa entre las provincias, ¡cómo se ha vuelto tributaria! (2) Bet. Llora amargamente de noche y sus lágrimas cubren sus mejillas. No tiene a nadie que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos se comportaron traicioneramente con ella. Se convirtieron en enemigos suyos. (3) Guímel. Judá (yehudá) ha ido en cautiverio con gran aflicción y dura servidumbre. Habita entre los paganos y no halla descanso, alcanzada por todos sus perseguidores. (4) Dálet. Enlutados están los caminos de Sión (Tzión), porque nadie viene a la solemne asamblea. Todos sus portones están desolados. Sus sacerdotes suspiran (de nostalgia). Sus vírgenes están afligidas y ella misma (Jerusalén) está sumida en amargura. (5) He. Sus adversarios son cabeza y sus enemigos prosperan, porque el Eterno la ha castigado por la multitud de sus transgresiones. Sus niños fueron en cautiverio delante del adversario. (6) Vav. Se desvaneció la hija de Sión todo su esplendor. Sus príncipes son como siervos  que no hallan pasto y  como el dolor huyen ya sin fuerza delante del perseguidor. (7) Záyin. (Yerushaláyim) se acerca en los días de su aflicción y de su angustia de todos los tesoros que tenía en los días de angustia, ahora que su gente cae en manos de su adversario y nadie le ayuda. Los adversarios la han visto y se han burlado de sus desolaciones. (8) Jet. Jerusalén ha pecado ignominiosamente, volviéndose como una impura. Todos los que la honraban la desprecian porque vieron su desnudez. Ella misma se avergüenza y se vuelve. (9) Tet. Su inmundicia está en sus faldas. No le preocupa su fin, por lo que fue humillada. No tiene consolación, “He aquí, oh Eterno, mi aflicción, porque el enemigo se ha agrandado”. (10) Yud. El adversario extendió su mano sobre todos los tesoros de ella, que vio como el pagano entraba en su Santuario, aunque Tú ordenaste que ellos no entrarán en Tú congregación. (11) Kaf. Gime todo tu pueblo pidiendo pan. Dieron sus más valiosas pertenencias a cambio de alimento para aliviar el alma. “Mira, oh Eterno y contempla como estoy envilecida”. (12) Lámed. “¡Qué no os ocurra esto, oh vosotros que pasáis! Contemplad y decid si hay dolor que se me ha hecho y con el que me ha afligido el Eterno en el día de Su ardiente irá. (13) Men. Desde lo alto, Él envió fuego a mis huesos y prevaleció contra ellos. Extendió una red para mis pies y me volvió hacia atrás, Me hizo desolada y débil todo el día. (14) Nun. El yugo de mis pecados está impreso por Su mano. Son atados y suben sobre mi cuello. Él hizo que mi fuerza me faltara. El Señor me entregó en sus manos (de mis enemigos) contra los que no puedo mantenerme. (15)Sámej. El Señor hizo que fuéramos rechazados todos mis valientes en medio de mí. Convocó a una asamblea contra mí para aplastar a mis jóvenes (guerreros). El Señor pisó como en un lagar a la virgen hija de Judá. (16) Áyin. “Por tales cosas lloro. Mis ojos se deslíen en agua, porque el Consolador está lejos de mí, o sea El que hubiera podido confortar mi alma. Mis hijos están desolados, porque ha prevalecido el enemigo”. (17) Pe. Sión extiende sus manos. No hay nadie que la consuele. El Eterno dispuso que los que están alrededor de Jacob (Yaacov) sean sus adversarios. Jerusalén está entre ellos (los de Jacob), como una impura. (18) “El Eterno es justo. Pero yo me revelé contra Su palabra. Os ruego que me escuchéis, oh pueblos y contempláis mi penalidad. Mis vírgenes y mis mozos se fueron en cautividad. (19) Cuf. Llamé a mis amantes, pero me engañaron, Mis sacerdotes y mis ancianos, perecieron en la ciudad mientras buscaban alimento para sus almas hambrientas. (20) Resh. Observa, oh Eterno, porque estoy en desgracia. Mi interior está ardiendo. Mi corazón se ha volcado dentro de mí, porque me rebelé lastimosamente. Afuera, la espada hace estragos y adentro es como la muerte. (21) Shin, Han oído como gimo. No hay nadie que me consuele. Todos mis enemigos conocen mis tribulaciones y se alegran. Por cuanto Tú lo has hecho, pero traerás el día que tienes señalado y ellos serán como yo. (22) Tav. Venga la maldad de ellos ante Ti y hazles lo que me hiciste a mí, por todas mis transgresiones. Muchas son mis lamentaciones y mi corazón desfallece”.

 2 (1) Álef. ¡Cómo cubrió el Señor con una nube a la hija de Sión en Su ira! Ha arrojado del cielo a la tierra la belleza de Israel y no se acordó del escabel de Sus pies en el día de su ira. (2) Bet. Tragó en Señor sin piedad todas las moradas de Jacob. Derribó en Su indignación las fortalezas de la hija de Judá. Las derribó hasta el suelo. Profanó el reino y sus príncipes. (3) Guímel. Cortó en el ardor de su ira todo el poderío de Israel. Retrajo Su diestra de delante del enemigo y consumió a Jacob con devoradora llama. (4) Dálet. Inclinó su arco como un enemigo. Se plantó con Su diestra como un adversario y mató a todos los que eran gratos a la vista. En la tienda de la hija de Sión, derramó Su furia como fuego. (5) He. El Señor se ha tornado un enemigo. Ha tragado a Israel, ha tragado todos sus palacios, ha destruido sus fortalezas y ha multiplicado en la hija de Judá el llanto y el luto. (6) Vav. Cortó en tiras Su tabernáculo como si fuera un huerto. Destruyó Su lugar de asamblea. El Eterno hizo que fuese olvidado en Sión, como así las fiestas solemnes y el sábado, y rechazó en Su indignación al rey y al sacerdote. (7) Zayin. El Señor ha menospreciado Su altar, ha aborrecido su santuario y ha entregado en la mano del enemigo los muros de los palacios (de Jerusalén). Interrumpieron tumultuosamente en la casa del Eterno como en el día de una solemne asamblea. (8) Jet. El Eterno se propuso destruir el muro de la hija de Sión. Extendió el cordel, no retrajo su mano de la obra de demolición e hizo lamentar la suerte de la fortaleza y del muro. Desfallecen juntos. (9) Tet. Sus portones están hundidos hasta el suelo. Él destruyó y rompió sus trancas. Su rey y sus príncipes están esparcidos entre las naciones. Ya no hay más instrucción. Sí, los profetas ya no reciben oráculo del Eterno. (10) Yud. Se sientan en el suelo y guardan silencio los ancianos de la hija de Sión. Se echaron polvo sobre sus cabezas y se ciñeron de saco. Las vírgenes de Jerusalén inclinan sus cabezas a tierra. (11) Kaf. Mis ojos están cubiertos de lágrimas. Mi interior está ardiendo. Mi hígado se ha derramado sobre la tierra, por haberse descarriado la hija de mi pueblo, en tanto que se desmayan los niños y los infantes en las plazas de las ciudades. (12) Lámed. Les dicen a sus madres: “¿Dónde están el trigo y el vino?”, cuando se desmayan como los heridos en las plazas de la ciudad, cuando sus almas son derramadas en el seno de su madre. (13) Men. ¿Qué tomaré como testigo por ti? ¿A qué he de asemejarme, oh hija de Jerusalén? ¿A qué te he de igualar para consolarte, oh hija virgen de Sión? Siendo tu quebranto tan grande como el mar, ¿Quién puede curarte? (14) Nun. Tus profetas han visto para ti visiones vanas y decepcionantes y no descubrieron tu iniquidad para traerte de regreso a tu cautividad, pero profetizaron tras oráculos de vanidad y seducción. (15) Sámej. Todos los que pasan baten las manos contra ti. Silban y menean la cabeza ante la hija de Jerusalén (y dicen) “¿Es esta la ciudad que los hombres llamaban la perfección de la hermosura, la alegría de toda la tierra?”. (16) Pe. Todos tus enemigos ensanchan la boca contra ti. Silban y rechinan los dientes y dicen: “La hemos tragado. Verdaderamente éste es el día que ansiábamos. Lo hemos hallado y lo hemos visto”, (17) Ayin. El Eterno ha hecho lo que quería. Ha cumplido Su palabra, la que había dado en los días antiguos. Ha derribado sin compasión y ha hecho que el enemigo se regocije por ti. Ha excitado la arrogancia de tus adversarios. (18) Tzadik. El corazón de ellos clamo al Señor: “Oh muro de las hijas de Sión, corran las lágrimas como el río, día y noche y no te concedas resuello, ni cese de llorar la niña de tus ojos. (19) Cuf. Levántate, clama de noche, al principio de la vigilia. Derrama tu corazón como agua ante la faz del Señor. Eleva tus manos hacia Él, por la vida de tus niños que desfallecen de hambre en la esquina de cada calle”. (20) Resh. “Mira. Oh Eterno y considera a quien has hecho esto. ¿Han de comer las mujeres de su fruto, o sea los niños que acarician con sus manos? ¿Han de ser muertos el sacerdote y el profeta en el Santuario del Señor? (21) Shin. El joven y el anciano están tendidos. Mis doncellas y mis mancebos han caído a espada. Los han matado en el día de Tú ira. Los has sacrificado sin compasión. (22) Tav. Proclamaste, como en el día de la solemne asamblea, mis anuncios sobre terrores en todas partes y no hubo nadie quien escapara en el día de la ira del Eterno. A los que acaricié (en su infancia) y crie, el enemigo los ha consumido”.

3(1) Álef. Yo soy el hombre que he visto la aflicción por la vara de Su ira. (2) Él me condujo e hizo que anduviera en la oscuridad y no en la luz. (3) Ciertamente vuelve Su mano contra mí repentinamente todo el día. (4) Bet. Mi carne y mi piel, Él las ha desgarrado y ha quebrantado mis huesos. (5) Edificó (fortalezas) contra mí y me rodeó de amarguras y de congojas. (6) Me hizo habitar en medio de tinieblas como los que han muerto hace mucho tiempo. (7) Guímel. Me cercó para que no pudiese avanzar. Tornó pesada mis cadenas. (8) Sí, cuando clamo pidiendo auxilio, él tapa mi plegaria. (9) Encerró mis caminos con piedras labradas y torno mis sendas tortuosas. (10) Dálet. Es para mí como un oso al acecho, como un león en lugares secretos. (12) Trastorna mis caminos y me desmenuza. Me ha hecho desolado. (12) Inclinó Su arco y me puso por blanco de Sus saetas. (13) He. Él hizo que los astiles de su aljaba se clavasen en mi costado. (14) Me he convertido en motivo de burla entre toda mi gente, y cantan todo el día. (15) Me llenó de amargura y me saturó de ajenjo. (16) Vav. También me rompió los dientes con piedra de grava y me obligo a revolcarme en cenizas. (17) Y mi alma está lejos de tener paz. Me olvidé de la prosperidad. (18) Y me dije: “Mi fuerza ha perecido y se ha esfumado mi esperanza en el Eterno”. (19) Záyin. Recuerda mi aflicción y mi angustia, el ajenjo y la hiel. (20) Mi alma todavía las recuerda y esta quebrantada dentro de mí. (21) En eso recapacito y conservo las esperanzas. (22) Jet. De seguro, la misericordia del Eterno no está consumida. Sus compasiones nunca se acaban. (23) Se renuevan cada mañana. Grande es Su paciencia. (24) “El Eterno es mi porción”, dice mi alma. Por lo tanto, confiaré en Él. (25) Tet. El Eterno es benevolente para los que le esperan, para el alma que le busca (26) Es bueno que el hombre espere tranquilamente la salvación del Eterno. (27) Es bueno que el hombre sobrelleve el yugo en su juventud. (28) Yud. (Bueno es) que permanezca solo y en silencio,  porque Él lo impone; (29) que ponga su boca en el polvo si así tenga esperanza; (30) que ofrezca su mejilla al que la hiera y que se harte de oprobio. (31) Kaf. Porque el Eterno no desechará para siempre. (32) Si bien causa aflicción, también tiene compasión conforme a la multitud de Sus mercedes. (33) Él no aflige de propósito, ni causa de buena gana penurias  a los hijos de los hombres. (34) Lámed. El aplastar bajo el pie a todos los prisioneros de la tierra, (35) el torcer el derecho de un hombre ante la faz del Altísimo, (36) el subvertir la causa de un hombre, el Señor no lo aprueba. (37)Mem. ¿Quién es el que dice (que ha de ocurrir algo) y ellos sucede, sin que el Señor lo disponga? (38) De la boca del Altísimo ¿no procede acaso el mal y el bien? (39) ¿Por qué pues se queja el hombre valiente? ¡Sufra el hombre fuerte si cometió pecado! (40) Nun. Busquemos y probemos nuestros caminos y volvamos al Eterno. (41) Elevemos nuestro corazón con nuestras manos a Dios en el cielo. (41) Hemos pecado y nos hemos rebelado (contra Él). (Por eso) Tú no has perdonado. (43) Sámej. Pletórico de ira nos perseguiste. Mataste sin  compasión. (44) Te cubriste con una nube para que no pudiera llegarte ninguna plegaria. (46) Pe. Todos nuestros enemigos han abierto su boca contra nosotros. (47) El terror y el hoyo nos han sobrevenido. (Todo es) desolación y destrucción. (48) Mis ojos están empapados con ríos de agua por la trasgresión de la hija de mi pueblo. (49) Áyin. Mis ojos derraman (lágrimas) sin cesar, sin interrupción, (50) hasta que el Eterno lo advierta y mire desde el cielo. (51) Mis ojos afectaron a mi alma, a causa de todas las hijas de mi ciudad. (52) Tzadik. Mis enemigos me han casado como un pájaro, sin causa. (53) Me cortaron la vida en la cisterna y me arrojaron piedras. (54) Las aguas cubrieron mi cabeza y me dije: “Soy cortado”. (55) Cuf. Invoqué Tu nombre, oh Eterno desde el hoyo profundo. (56) Tú oíste mi voz. No ocultes Tu oído ante mi clamor. (57) Te acercaste en el día en que te llamé y dijiste: “No temas”. (58) Resh. ¡Oh Señor! Tú has defendido las causas de mi alma. Has redimido mi vida. (59) ¡Oh Eterno! Tú has visto la injusticia que se me ha hecho. Juzga Tú mi causa. (60) Tú has visto las venganzas que se tomaron y todo lo que tramaron contra mí. (61) Shin. Tú has oído como me agraviaron, oh Eterno y lo que tramaron contra mí. (62) los labios de los que se alcanzaron contra mí todo el día. (63) Contempla como se sientan y como se levantan. Yo soy la centinela de ellos. (64) Tav. Les retribuirás, oh Eterno, conforme a la obra de sus manos. (65) Les darás dureza de corazón. (Les darás) también tu maldición. (66) Los perseguirás con ira y los destruirás de debajo de los cielos del Eterno.

4 (1) Älef. ¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡Cómo se ha alterado el oro más fino! Las piedras santificadas son esparcidas en la esquina de cada calle. (2) Bet. Los preciados hijos de Sión, comparables al oro fino, son ahora menospreciados como si fueran tiestos de barro, obra de manos de alfarero. (3) Guímel. Hasta los chacales dan la teta y amamantan a sus crías, pero la hija de mi pueblo se ha tornado cruel como los avestruces del desierto. (4) Dálet. La lengua del infante, por la sed, se pega al paladar. Los niños piden pan y nadie se los parte. (5) He. Los que solían comer majares delicados vagan desolados por las calles. Los que fueron criados en púrpura abrazan estercoleros. (6) Vav. Por cuanto la iniquidad de la hija de mi pueblo es mayor que el pecado se Sodoma (S´dom), que fue derribada en un instante sin que mano alguna cayera sobre ella. (7) Záyin. Sus príncipes eran más blancos que la leche, más rubicundos que el coral. Su pulimento era como el del zafiro. (8) Jet. Su semblante es más oscuro que el carbón. No se le conoce en las calles. Su piel está como pegada a los huesos. De tan reseca, se ha vuelto como palo. (9) Tet. Los que mueren por la espada están mejor que los que mueren de hambre porque aquellos derraman la vida, atravesados, más éstos se privan de los frutos del campo. (10) Yud. Las manos de las mujeres (hasta ayer) plenas de compasión, han cocido a sus propios hijos. Estos fueron su alimento durante la destrucción de la hija de mi pueblo. (11) Kaf. El Eterno ha cumplido Su furia. Ha derramado Su ardiente ira y ha encendido un fuego en Sión que ha devorado sus basamentos. (12) Lámed. Los reyes de la tierra no lo creían, ni todos los habitantes del mundo, que el adversario y el enemigo entrarían por los portones de Jerusalén. (13) Mem. Es por los pecados de sus (falsos) profetas y por las iniquidades de sus sacerdotes, que se ha derramado la sangre de los justos en medio de ella. (14) Nun. Vagan como ciegos en las calles. Están sucios de sangre, de modo que la gente no puede tocar las vestiduras de ellos. (15) Sámej. “¡Apartaos, inmundos!” les gritaba la gente. “¡Apartaos, apartaos, no los toquéis!”. Sí, huían por las calles y la gente decía entre las naciones: “No morarán más allí”. (16) Pe. La ira del Eterno los dividió. Él no los considerará más. No respetaron la persona de los sacerdotes y no fueron misericordiosos con los ancianos. (17) Áyin. En cuanto a nosotros, nuestros ojos desfallecen buscando en vano ayuda. En nuestra vigilia, teníamos la vista a una nación que no pudo salvarnos. (18) Tzadik. Siguen nuestros pasos, para que no podamos entrar en nuestras plazas. Nuestro fin está cercano. Nuestros días están cumplidos. Ya ha llegado nuestro fin. (19) Quf. Más veloces eran nuestros perseguidores que las águilas del cielo. Nos cazaron sobre las montañas. Nos acecharon en el desierto. (20) Resh. El que era aliento de nuestra nariz, el ungido del Eterno fue tomado en sus hoyos. Precisamente de quien decíamos: “Bajo su sombra viviremos (en paz) entre las naciones”. (21) Shin. Alégrate y regocíjate, oh hija de Edom, que vives en la tierra de Uz. La copa pasara también a ti.  Te embriagarás y te desnudarás. (22) Tav. El castigo de tu iniquidad está cumplido. Oh hija de Edom. Descubrirá tus pecados.

5 (1) Recuerda, Oh Eterno, lo que nos ha sobrevenido. Contempla nuestro oprobio. (2) Nuestra herencia es poseída por extranjeros, nuestras casas por extraños. (3) Nos hemos vuelto huérfanos. No tenemos padre y nuestras madres son como viudas. (4) Nuestra agua, la bebemos por dinero. Nuestra leña viene a nosotros por un precio. (5) Hasta nuestros mismos cuellos somos perseguidos. Trabajamos duramente, sin descanso. (6) Hemos dado la mano a Egipto (Mitzráyim) y a Asíria (Ashur) para tener suficiente pan. (7) Nuestros padres pecaron y ya no están más, y nosotros llevamos la carga de sus iniquidades. (8) Siervos nos gobiernan. No hay nadie que nos libre de su mano. (9) Obtenemos nuestro pan poniendo nuestra vida en peligro, a causa de la espada del desierto. (10) Nuestra piel está ardiendo como horno, por el quemante calor del hambre. (11) Han violado a las mujeres en Sión, a la doncella en las ciudades de Judá. (12)Los príncipes fueron colgados de la mano (en el madero) y no fueron respetados los rostros de los ancianos. (13) Los jóvenes tenían que mover el molino y los niños caían bajo la carga de leña. (14). Los ancianos ya no se reunían en el portón. Los mancebos ya no hacen oír su música. (15) Ha cesado la alegría de nuestro corazón. Nuestra danza se tornó en luto. (16) Ha caído la corona de nuestra cabeza. ¡Ay de nosotros, por haber pecado! (17) Desfallece nuestro corazón y nuestros ojos ven las cosas turbias.  (18) Sobre la montaña de Sión, que esta desolada andan los zorros. (19) Tú, oh Eterno, estás entronizado para siempre. Tu trono es para todas las generaciones. (20) ¿Por qué entonces nos olvidaste para siempre y nos abandonaste tanto tiempo? (21) Vuelve a nosotros, oh Eterno y nosotros volveremos (a Ti). Renueva nuestros días como en los tiempos antiguos. (22) ¡No puedes rechazarnos enteramente y airarte al extremo con nosotros!.

(21) Vuelve a nosotros, oh Eterno y nosotros volveremos (a Ti). Renueva nuestros días como en los tiempos antiguos.

Versión Castellana

Conforme a la tradición judía

Por Moisés Katznelson

Fuente de la foto:

http://www.judaicalosolivos.com/iman-pewter-con-el-muro-de-las-lamentaciones-kotel.html

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s