Sh’ma Yisrael

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Deuteronomio (Devarim) 3:23 – 7:11

(23) En este tiempo, le rogué al Eterno: (24) “¡Oh Dios, Eterno! Tú has comenzado a mostrar Tu grandeza y Tu fuerte mano, pues ¿que otro Dios hay en el cielo o en la tierra que pueda hacer Tus obras y que tenga Tu poder? (25) Te imploro que me dejes pasar para que pueda contemplar la buena tierra que hay al otro lado del Jordán, esas hermosas montañas y el Líbano (Levanón)”. (26) Pero el Eterno estaba irritado conmigo por vuestra culpa: no quiso escucharme y me respondió: “basta para ti. No sigas hablando de eso. (27) Sube a la cima del Pisgá y alza tu vista hacia el occidente, hacia el norte, hacia el sur y hacia el oriente y mira lo que alcances a ver con tus ojos porque no has de pasar este Jordán. (28) Pero fortalecerás e infundirás valor a Josué, pues él pasará delante de este pueblo para hacerlo heredar la tierra que verás. (29) Nos quedamos pues en el valle, frente a Bet Peor.

4 (1) Y ahora, oh Israel, escucha las leyes y los preceptos que os enseño para que podáis vivir por ellos, y entréis y poseáis la tierra que os da el Eterno, Dios de vuestros padres. (2) No añadiréis ni quitaréis palabras de cuanto os prescribo, sino que guardaréis los mandamientos del Eterno vuestro Dios. (3) Con vuestros ojos habéis visto lo que hizo el Eterno por lo de Báal Peor: todo varón que anduvo tras Báal Peor fue exterminado por el Eterno vuestro Dios.

(4) Pero todos los que entre vosotros siguieron al Eterno, vuestro Dios, están vivos hoy. (5) He aquí que os enseñé estatutos y preceptos tal como fue ordenado por el Eterno para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer. (6) Guárdalos pues y cúmplelos porque en ello residirá vuestra sabiduría entre los ojos de los demás pueblos, que al tener conocimiento de tales estatutos dirán: “Por cierto es un pueblo sabio e inteligente”. (7) ¿Qué otro pueblo tiene a Dios tan cerca, que acude cada vez que es invocado? (8) ¿Qué otro gran pueblo tiene leyes y preceptos tan justos como los que yo os enseño hoy? (9) Sólo debes cuidarte diligentemente oh Israel para no olvidar las cosas que vieron tus ojos, para que no salgan de tu corazón todos los días de tu vida y que las hagas conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos. (10) Acuérdate siempre del día en que permaneciste ante el Eterno en Horeb, cuando el Eterno me dijo: “Congrega al pueblo para que escuche Mis palabras y aprendan a temerme todos los días que viva sobre la tierra y para que enseñe Mis leyes a sus hijos”. (11) Os acercasteis y permanecisteis al pie del monte mientras que el monte ardía con fuego en medio del cielo, donde se desplegaba la nube y las tinieblas. (12) Y el Eterno os hablo desde el medio del fuego y vosotros escuchasteis Sus palabras pero no visteis Su semejanza. Sólo escuchabais una voz. (13) Y así, Él estableció Su pacto, a cuyo cumplimiento os exhorto, el cual constaba de diez palabras que escribió sobre dos tablas de piedra. (14) Y en ese tiempo el Eterno me ordenó que os enseñara Sus leyes y sus prescripciones para que los cumplierais en la tierra adonde iréis para poseerla. (15) Por cuanto el día en que os habló el Eterno en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, (16) guardaos bien de corromperos haciéndoos imágenes grabadas o talladas, ya sea de varón o de mujer, (17) o de cualquier animal de cuantos viven en la tierra o de aves que vuelan en el cielo, (18) o de animal que repta sobre la tierra, o de pez que vive en el agua, debajo de la tierra. (19) Y al alzar tus ojos al cielo, al sol, a la luna, a las estrellas y a las demás huestes del cielo, no seas inducido a adorarlos o servirlos, pues el Eterno tu Dios los asignó a todos los pueblos que moran bajo el cielo. (20) A vosotros, el Eterno os tomó y sacó del horno del hierro de Egipto para que seáis el pueblo de Su heredad como lo sois hoy. (21) Pero se irritó el Eterno contra mí por vuestras palabras y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría a la buena tierra que el Eterno vuestro Dios, oh Israel, os dio por heredad. (22) Y yo voy a morir en esta tierra, si poder cruzar el Jordán, en tanto que vosotros cruzaréis y heredaréis esta buena tierra. (23) Guardaos de olvidar el Pacto que el Eterno vuestro Dios estableció con vosotros y guardaos de hacer imágenes esculpidas conforme con lo que os ordenó el Eterno vuestro Dios; (24) porque el Eterno es fuego abrazador, Dios celoso.

(25) Si, tras larga permanencia en esa tierra, tuvierais hijos e hijas de vuestros hijos y que os corrompierais haciéndoos ídolos de cualquier clase y pecando a los ojos del Eterno vuestro Dios y que provocarais Su ira,  (26) Dios tomaría por testigos a los cielos y a la tierra contra vosotros y perecierais en la misma tierra que vais a poseer luego de cruzar el Jordán. Lejos de prolongar vuestros días allí, seréis totalmente aniquilados; (27) el Eterno os esparcirá entre los pueblos y seréis muy poco en números entre los pueblos adonde os conducirá el Eterno. (28) Serviréis allí a dioses que no son más que obra de manos humanas, dioses de madera y de piedra que no pueden ver, ni oír, ni comer, ni oler. (29) pero si en ese entonces buscas al Eterno tu Dios, oh Israel, Le hallarás si Le buscas con todo el corazón y con toda tu alma. (30) Si ante todas esas tribulaciones, aun en tiempos remotos, te vuelves al Eterno tu Dios y obedeces Su voz, (31) Él, en Su infinita misericordia, no te abandonará ni te destruirá, ni olvidará el Pacto que juró a tus padres. (32) Inquiere en los días que te precedieron, desde aquel en que Dios creó al hombre sobre la tierra y desde uno al otro confín del cielo, si se ha visto jamás cosa tan grande y si se ha oído cosa semejante. (33) ¿Qué otro pueblo ha oído la voz de  su Dios hablándole en medio del fuego como lo has oído tú, quedando con vida? (34) ¿Qué otro Dios ha tomado para Sí un pueblo de en medio de otro mediante pruebas, signos, prodigios y acciones de guerra, con mano poderosa, brazo extendido y gran terror como hizo contigo el Eterno tu Dios en Egipto ante tus ojos? (35) Se te mostró para que lo sepas, oh Israel, que el Eterno es el verdadero Dios y que no hay ningún otro fuera de Él.(36) Desde el cielo hizo oír Su voz para instruirte, mostró sobre la tierra Su gran fugo y tú oíste Sus palabras en medio del fuego. (37) Porque amó a tus padres, escogió a su simiente y con Su inmenso poder te libró de Egipto, (38) expulsó ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú para traspasarte su tierra por heredad, (39) sabrás hoy y confirmarás en tu corazón que el Eterno es el único Dios en el cielo y en la tierra. No hay otro. (40) Por lo tanto, cumplirás Sus  leyes y Sus mandamientos que te doy a conocer hoy, para que tú y tus hijos sean felices y prolongues tus días en la tierra que el Eterno tu Dios te da para siempre”.

(41) Y Moisés escogió tres ciudades de refugio al oriente del Jordán, (42) para que pudiera huir allí al que matara a su prójimo inadvertidamente y sin que lo odiara. Refugiándose en una de esas ciudades, podía vivir (sin que se lo persiga). (43) Eran dichas ciudades: Beze (Bétzer),  en el desierto donde moraban los rubenitas; Ramot, en Galaad, de los gaditas y Golán, en Basán, de los manasítas. (44) Tal es pues la Ley que Moisés presentó a los hijos de Israel, (45) y éstos son los testimonios, los estatutos y los preceptos que Moisés enunció ante ellos después de la salida de Egipto (46) y los repitió en el lado oriental del Jordán, en el valle que hay frente a Bet peor, en la tierra de Sijón, rey de los amorreos, que habitan en Hesbón y había sido derrotado por Moisés y los hijos de Israel (mucho tiempo) después de la salida de Egipto. (47) Y conquistaron esa tierra, como así también la tierra de Og, rey de Basán, otro rey amorreo que estaba en el lado oriental del Jordán. (48) Conquistaron la teirra desde Aroer, a orillas del arroyo Arnón, hasta el monte Sión, o sea el Hermón (49) y todo el Arabá hasta el mar del Arabá, al pie de las vertientes del Pisgá.

5(1) Y Moisés convocó a todo Israel y le dijo: “Oye, oh Israel (Sh’ma Israel), las leyes y los preceptos que hoy pongo en vuestros oídos para que los aprendáis y cumpláis. (2) El Eterno nuestro Dios concertó con nosotros un Pacto en Horeb (o Sinaí). (3) No solo con nuestros padres concertó este Pacto, sino también con nosotros, que estamos vivos aquí. (4) Cara a cara habló el Eterno con vosotros en el monte, en medio del fuego. (5) Yo estuve a la sazón entre el Eterno y vosotros para comunicaros Su palabra, pues teníais miedo del fuego y por eso no subisteis al monte. (6) Me dijo: “Yo soy el Eterno tu Dios, que te saco de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. (7) No tendrás otros dioses ante mi faz. (8) No te harás imágenes grabadas o esculpidas de cualquier cosa que haya arriba en el cielo o abajo en la tierra y en las aguas debajo de ella. (9) No te prosternarás ante ellas ni les servirás por cuanto Yo, el Eterno tu Dios, soy un Dios celoso que hace recaer la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, (10) pero Mi misericordia alcanzan hasta mil generaciones a los que Me aman y cumplen Mis mandamientos. (11) No tomarás el nombre del Eterno, tu Dios en falso porque el Eterno no deja impune al que invoca su nombre en vano.

(12) Guardarás el día de descanso (Shabat, sábado) para santificarlo, como el Eterno, tu Dios te ha mandado. (13) Seis días trabajarás y en ellos harás tus obras, (14) pero el día séptimo es de descanso para el Eterno, tu Dios. En él no harás trabajo alguno, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni tu asno, ni el forastero que habita dentro de tus puertas. Tu siervo y tu sierva descansarán como tú. (15) Acuérdate de que fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente, el Eterno tu Dios, te ordena que guardes el día de descanso.

(16) Honra a tu padre y a tu madre, como el Eterno tu Dios te ha ordenado, para que vivas largos años y que seas feliz en la tierra que te da el eterno tu Dios.

(17) No mataras a tu prójimo, ni cometerás adulterio, ni robarás, ni darás falso testimonio contra tu prójimo.

(18) No desearas la mujer de tu prójimo, ni desearas la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su ganado, ni su asno, ni ninguna otra cosa de tu prójimo.

(19) Tales son las palabras de que dijo el Eterno a toda vuestra congregación en la montaña, en medio del fuego y de la espesa nube, con voz potente y no agregó nada más. (20) Y ocurrió, cuando oísteis la voz entre las tinieblas desde la cima de la montaña ardiente, que os aproximasteis a mí, todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos;  (21) dijisteis: “He aquí que el Eterno nuestro Dios nos ha mostrado Su gloria y Su Grandeza, y nosotros hemos oído Su voz de en medio del fuego. Hemos visto hoy que Dios puede hablar con el hombre y éste puede permanecer vivo. (22) Sin embargo, ¿por qué arriesgarnos a morir consumidos por el gran fuego al seguir oyendo la voz del Eterno nuestro Dios? (23) ¿Quién, de toda carne como nosotros, ha oído la voz del Dios vivo hablando en medio del fuego y ha sobrevivido? (24) Acércate pues tú mismo al Eterno nuestro Dios para que oigas lo que dice y comuníquenos todo lo que te habla. Nosotros te escucharemos y cumpliremos lo que te mande”. (25) El Eterno oyó vuestras palabras y entonces me dijo: “He oído las palabras de esta gente. Está bien todo lo que han dicho. (26) ¡Ojalá siempre tuvieran el corazón, temiéndome y cumpliendo todos Mis mandamientos todos los días, para que sean felices ellos y sus hijos para siempre!. (27) Ve y diles que retornen a sus tiendas, (28) pero tú, quédate aquí junto a Mí para que te dé todos los mandamientos, estatutos y preceptos que les enseñarás para que los cumplan en la tierra que les doy por heredad”. (29) Los cumpliréis tal como el Eterno, vuestro Dios ha ordenado. No os apartéis de ellos ni a la derecha, ni a la izquierda. (30) Andaréis en todos los caminos que el Eterno vuestro Dios os ha fijado para que viváis, que seáis felices y prolonguéis vuestros días en la tierra que poseeréis.

6(1) Y éstos son los mandamientos, estatutos y preceptos que el Eterno vuestro Dios ha ordenado que os enseñen, para que los cumpláis en la tierra adonde pasareis para poseerla, (2) a fin de que temas, oh Israel, al Eterno tu Dios, guardando todas sus disposiciones que yo te ordeno cumplir, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos, todos los días de tu vida y así, tus días podrán prolongarse. (3) Escucha pues, oh Israel y cumple lo que se te manda para que seas feliz y te engrandezcas, como te lo prometió el Eterno, Dios de tus padres, para cuando habites en la tierra que mana leche y miel:

(4) “Escucha, oh Israel, El Eterno nuestro Dios es Uno. (5) Amarás al Eterno tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza (6) Y llevarás dentro de tu corazón, estos mandamientos que hoy te doy. (7) Los inculcarás a tus hijos y hablarás de ellos cuando estés en tu casa, cuando viajes, cuando te acuestes y cuando te levantes. (8) Y los tendrás atados como señal en tu mano y será como frontales entre tus ojos. (9) Los tendrás escritos en las jambas de las puertas de tu casa y en los portales de la ciudad.

(10) Y cuando el Eterno, tu Dios, te haya traído a la tierra que juró a tus padres, a Abraham (Avraham), a Isaac (Yitzjac) y a Jacob (Yaacov), cuyas ciudades son grandes y buenas, que tú no edificaste, (11) cuyas casas son repletas, que tú no llénate, cuyas cisternas fueron excavadas, que  tú no excavaste y cuyas viñas y olivares no plantaste, comerás hasta hartarte. (12) Cuídate pues de no olvidar al Eterno, quien te libró de la tierra de Egipto, casa de servidumbre. (13) Temerás al Eterno tu Dios, Le servirás y en Su nombre jurarás. (14) No iréis tras otros dioses, los dioses de los pueblos que os rodean, (15) por cuanto el Eterno tu Dios es un Dios celoso en medio de ti, oh Israel, y Su cólera se encendería contra ti y te aniquilaría de sobre la faz de la tierra.

(16) No provocaréis al Eterno vuestro Dios como lo provocasteis en Masá. (17) Cumplireis diligentemente los mandamientos del Eterno, vuestro Dios, como así también los estatutos y preceptos que Él os prescribió. (18) Harás lo que es recto y bueno a los ojos del Eterno para que sea feliz, oh Israel, y que puedas entrar a poseer la buena tierra que el Eterno juró dar a tus padres, (19) expulsando a tus enemigos de aquélla delante de ti como lo había prometido el Eterno.

(20) Cuando mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué significa los mandamientos, los estatutos, y los preceptos que os impartió a vosotros el Eterno nuestro Dios?”, (21) le dirás a tu hijo: “Fuimos siervos del faraón en Egipto y el Eterno nos libró de Egipto con mano poderosa, (22) envió señales y obró prodigios funestos para Egipto, el faraón y toda su gente, ante nuestros ojos, (23) pero a nosotros, nos sacó de allí para traernos aquí, con fin de darnos esta tierra que a nuestros padres había jurado que nos daría. (24) Y nos mandó el Eterno que cumpliéramos todas estas leyes, temiendo al Eterno nuestro Dios, para nuestro bien, todos los días para que nos mantuviéramos vivos como hasta hoy. (25) Y tendremos justicia si observamos todos estos mandatos ante el Eterno, nuestro Dios, como Él nos lo ordenó.

7(1) Cuando el Eterno tu Dios te haya traído a la tierra que vas a heredar y cuando hayas arrojado de ella a muchos pueblos delante de ti; los jeteos, los guergueos, los amorreos, los cananeos, los perezeos, los heveos y los jebuseos, siete pueblos más numerosos y fuertes que tú (2) y cuando el Eterno tu Dios, te los haya entregado ante ti y los haya derrotado, los destruirás totalmente. No harás pacto alguno con ellos ni le concederás gracia. (3) Tampoco te emparentarás con ellos, no darás tu hija a un hijo de ellos, ni una hija de ellas tomarás para tu hijo, (4) por cuanto ella apartará a tu hijo de Mí y éste servirá a otros dioses, con lo que recaerá la cólera del Eterno sobre vosotros hasta exterminarte. (5) Sólo así haréis: derribaréis sus altares, destruiréis sus estatuas, talaréis sus árboles sagrados y quemaréis sus imágenes con fuego, (6) pues tú eres un pueblo santo para el Eterno tu Dios, oh Israel. El Eterno tu Dios, te ha elegido por pueblo Suyo entre los pueblos que hay sobre la faz de la tierra. (7) El Eterno se solazó en vosotros y os escogió no porque erais más numerosos que los demás pueblos (en realidad erais el más pequeño), (8) sino porque el Eterno os ama y porque quiso cumplir el juramento que había hecho a vuestros padres.  Por eso os arrancó de la mano del faraón, rey de Egipto, redimiéndoos de la casa de la servidumbre. (9) Ten en cuenta pues, oh Israel, que sólo el Eterno tu Dios, es Dios, un Dios fiel que guarda el Pacto; es piadoso hasta la milésima generación con quienes cumplen Sus mandamiento, (10) y da su merecido a quienes le aborrecen, haciéndolos parecer. No demora el castigo a quienes Le odian. (11) Consiguientemente has de cumplir las leyes, los estatutos y los preceptos que hoy te ordeno guardar.

LA BIBLIA

HEBREO – ESPAÑOL

Versión Castellana

Conforme a la tradición judía

Por Moisés Katznelson

Fuente de la foto:

http://www.beginliving.com/israel.html

 

 

 

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