Deuteronomio 4(5-19)

He aquí que os enseño estatutos y preceptos tal como fue ordenado por el Eterno para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer. (6) Guárdalos pues y cúmplelos porque en ello residirá vuestra sabiduría ante los ojos de los demás pueblos, que al tener conocimiento de tales estatutos dirán: “Por cierto es un pueblo sabio e inteligente”. (7) ¿Qué otro pueblo tiene a Dios tan cerca, que acude cada vez que es invocado? (8) ¿Qué otro gran pueblo tiene leyes y preceptos tan justos como los que yo os enseño hoy? (9) Sólo debes cuidarte diligentemente oh Israel para no olvidar las cosas que vieron tus ojos, para que no salgan de tu corazón todos los días de tu vida y que las hagas conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos. (10) Acuérdate siempre del día en que permaneciste ante el Eterno en Horeb, cuando el Eterno me dijo: “Congregad al pueblo para que escuche Mis palabras y aprendan a temerme todos los días que viva sobre la tierra y para que enseñe Mis leyes a sus hijos”. (11) Os acercasteis y permanecisteis al pie del monte mientras que el monte ardía con fuego en medio del cielo, donde se desplegaban las nubes y las tinieblas. (12) Y el Eterno os habló desde el medio del fuego y vosotros escuchasteis Sus palabras pero no visteis Su semejanza. Sólo escuchabais una voz. (13) Y, el cual así Él estableció su pacto, a cuyo cumplimiento os exhorto, el cual constaba de diez palabras que escribió sobre dos tablas de piedra. (14) Y en ese tiempo el Eterno me ordenó que os enseñara Sus leyes y Sus prescripciones para que los cumpláis en la tierra adonde iréis para poseerla. (15) Por cuanto el día en que os habló el Eterno en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, (16) guardaos bien de corromperos haciéndoos imágenes grabadas o talladas, ya sean de varón o de mujer, (17) o de cualquier animal de cuantos viven en la tierra o de ave que vuela en el cielo, (18) o de animal que repta sobre la tierra, o de pez que vive en el agua, debajo de la tierra. (19) Y al alzar tus ojos al cielo, al sol, a la luna, a las estrellas y a las demás huestes del cielo, no seas inducido a adorarlo o servirlos, pues el Eterno tu Dios los asignó a todos los pueblos que moran bajo el cielo.

 

 

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