II. SAMUEL 7

Jerus-n4i

Y aconteció, cuando el rey moraba en su casa y el Eterno le había dado descanso de todos sus enemigos de los alrededores, (2) que el rey le dijo a Natán el profeta: “Mira que yo vivo en casa de cedro mientras que el Arca de Dios mora entre colinas”. (3) Y le respondió Natán al rey: “Ve, haz todo lo que está en tu corazón, pues el Eterno está contigo”.

(4) Y ocurrió la misma noche que la palabra del Eterno vino a Natán, diciéndole: (5) “Ve y diga a mi siervo David:

“Así dice el Eterno: ¿Debes acaso construir una casa para que Yo viva en ella. (6) No he habitado en una casa desde el día que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy pero he andado en una tienda y en un tabernáculo. (7) En todos los lugares donde he andado entre los hijos de Israel, no dije palabra alguna a las tribus de Israel, nunca ordené a Mi pueblo Israel: “¿Por qué no me habéis construido una casa de cedro?”. (8) Ahora, por lo tanto, dirás a Mi siervo David. “Así dice el Eterno: Te quité del prisco, de cuidar las ovejas para que fueras príncipe sobre Mi pueblo Israel. (9) Y he sido contigo en cualquier parte donde tu estuviste; he extirpado a todos tus enemigos de ante ti y te haré un gran hombre, como el nombre de los grandes que están en la tierra. (10) Y designaré un lugar para Mi pueblo Israel y los radicaré allí para que puedan habitar en lugar propio y no sean más molestados, ni afligidos más por los hijos de la iniquidad como en el principio; (11) es decir, desde el día en que puse jueces sobre Mi pueblo Israel; te haré descansar de todos tus enemigos. Además, el Eterno te promete hacer para ti una casa. (12) Cuando tus días estén cumplidos sobre la tierra y que duermas con tus padres, estableceré tu primogenitura, el que saldrá de tus entrañas; establecerá su reino. (13) Él ha de construir una casa por Mi nombre y Yo afianzaré el trono de su reino para siempre. (14) Y seré con él como un padre, y él será conmigo como un hijo. Si él comete una iniquidad, le castigaré con la vara de los hombres y con azotes de hijo de hombres, (15) pero Mi misericordia no se apartará de él como se apartó de Saúl, a quien quite el reino delante de ti. (16) Tu casa y tu reino estarán seguros para siempre ante ti. Tu trono será eternamente estable”. (17) Conforme a todas estas palabras y de acuerdo con toda esta visión, así hablo Natán a David.

(18) David, el rey, entró y se sentó ante el Eterno, y dijo: “¿Quién soy yo, oh Dios Eterno, y qué es mi casa para que Tú me hayas conducido hasta aquí?, (19) Y por si fuera poco, oh Dios Eterno, has hablado también de la casa de Tu siervo para lo porvenir, como con los grandes hombres, ¡oh Dios Eterno! (20) ¿Y qué más puede decir David? Porque Tú conoces a Tu siervo, oh Dios Eterno. (21) A causa de Tu promesa y conforme a Tu corazón, has obrado toda esta grandeza para hacerla conocer a Tu siervo. (22) Por lo tanto ¡cuán grande eres, oh Dios Eterno! Porque nadie hay como Tú, no hay otro Dios aparte de Ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. (23) ¡Y quién es como Tu pueblo, como Israel, nación única en la tierra, a la que Dios fue a redimir para Sí como pueblo Suyo, para realzar Su nombre y obrar para tu tierra grandes cosas, por amor a Tu pueblo a quien redimiste de Egipto para Ti mismo, (expulsando a) las naciones y sus dioses? (24) Y Tú estableciste para ti a Tu pueblo Israel como pueblo para Ti para la eternidad, y Tú, oh Eterno, fuiste su Dios. (25) Y ahora, oh Dios Eterno, la palabra que Tú has hablado con relación a tu siervo, y a su casa, confírmala para siempre y obra según lo que has dicho. (26) Y que Tu nombre sea ensalzado para siempre para que pueda decir: El Eterno de los Ejércitos es Dios sobre Israel, y la casa de Tu siervo David será establecida ante Ti. (27) Por cuanto Tú, oh Eterno de los Ejércitos, Dios de Israel, has revelado a tu siervo, diciendo: “Te construiré una casa”, por tanto, Tu siervo se ha dignado pronunciar esta oración a Ti. (28) Y ahora, oh Dios Eterno, sólo Tú eres Dios; Tus palabras son verdad y Tú has prometido a Tu siervo todo este bien. (29) Ahora pues, que tus deseos sean de tu agrado bendecir hacía con la casa de Tu siervo para que puedas continuar eternamente ante Ti porque Tú, oh Dios Eterno, lo has prometido. Y que a través de Tu bendición sea la casa de Tu siervo bendita para siempre”.

 

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