Shabbat, 17 Marzo, 2018 / 1 Nisan, 5778

Historia Judía

El Talmud (Rosh HaShaná 10 b-11 a) cita dos opiniones como fecha de la creación del universo por parte de Di-s: de acuerdo con Rabí Eliezer: “El mundo fue creado en Tishrei” (es decir, el sexto día de la creación —el día en que Adán y Eva fueron creados —fue el 1 de Tishrei, celebrado cada año como Rosh HaShaná); de acuerdo con Rabí Iehoshúa: “El mundo fue creado en Nisan”. Como fue interpretado por los Cabalistas y los maestros Jasídicos, el significado profundo de estas dos opiniones es que el mundo físico fue creado en Tishrei, mientras que el “pensamiento” o idea de la creación fue creado en el mes de Nisan.

De acuerdo con el Talmud, los tres Patriarcas del pueblo judío —Abraham (1813-1638 AEC), Isaac (1713-1533 AEC) y Jacob (1653-1506 AEC) —nacieron y murieron en el mes de Nisan.

El primero de Nisan del año 2448 desde la creación (1313 AEC —dos semanas antes del Éxodo), Di-s mostró a Moshé la luna nueva y le dijo “Cuando veas la luna así, santifica [el nuevo mes]”. Esto fue anunciado en el primer mes judío, y comenzó de esta forma el calendario que los judíos han seguido desde entonces.

En el día octavo, tras una práctica de 7 días y un período de iniciación, el Mishkán móvil (“Tabernáculo” o “Santuario”) construido por los Hijos de Israel en el desierto de Sinai fue erigido, Aarón y sus hijos comenzaron a oficiar como sacerdotes, y la Presencia Divina vino a morar en el Mishkán; fueron traídas ofrendas especiales, incluyendo una serie de dones de Najshon ben Aminadav, el Príncipe de la Tribu de Judá (ofrendas similares fueron traídas durante los siguientes doce días por las otras tribus de Israel).

El día en que el Mishkán fue inaugurado (ver arriba), “Nadav y Avihú, los hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron fuego en él, y ofrendaron un fuego extraño ante Di-s, que El no les había ordenado. Un fuego salió de Di-s y los consumió, y ellos murieron ante Di-s” (Levítico 10:1-2)

Leyes y Costumbres:

Hoy es Rosh Jodesh (“Cabeza del Mes”) del mes de Nisan.

Se agregan partes especiales a las plegarias diarias: Se recita Halel (Salmos 113-118) —en su forma “parcial” —siguiendo a la plegaria matutina de Shajarit, y se agrega la plegaria Ialé VeIabó a la Amidá y a las Gracias Después de las Comidas; se dice la plegaria adicional de Musaf (cuando Rosh Jodesh es en Shabat se hacen agregados especiales al Musaf de Shabat. Se omite Tajanun (confesión de los pecados y plegarias similares.

Muchos acostumbran señalar Rosh Jodesh con una comida festiva y reduciendo la actividad laboral. La última costumbre prevalece entre las mujeres, que tienen una afinidad especial con Rosh Jodesh —el mes es el aspecto femenino del Calendario

Una mitzvá especial que sólo se puede cumplir una vez al año, es recitar la berajá(“bendición” o plegaria) hecha al ver árboles frutales en flor: Bendito eres Tú, Di-s, nuestro Di-s, Rey del universo, que no deja que nada falte en Su mundo, y ha creado en él buenas criaturas y buenos árboles con las cuales da placer a la gente. Hoy es la primera oportunidad de decir esta bendición, pero puede ser hecho en cualquier momento durante el mes de Nisan (denominado en la Torá como el “mes de la primavera). Muchos visitan los jardines botánicos durante esta época, para así encontrar la oportunidad de observar esta hermosa mitzvá.

Comenzando hoy, y hasta el 13 de Nisan, recitamos tres versículos (de Números, capítulo 7) que describen las ofrendas hechas por los “príncipes” (nesiim) de las 12 tribus de Israel (ver “El Mishkán inaugurado”). Hoy leemos el donativo traído por Najshon ben Aminadav, el nasí de la tribu de Judá en esta fecha. Mañana leemos sobre el donativo de Isasjar, y así para las 12 tribus. El 13 de Nisan leemos las instrucciones de Di-s a Aarón con respecto al encendido de la menorá, que representa la participación de la tribu sacerdotal de Levi.

A continuación de los versículos del ‘Nasí’ del día recitamos una corta plegaria en la que decimos: “… si yo, Tu siervo, soy de la tribu de…. Cuya sección del Nasí he leído hoy en Tu Torá, que las chispas y santas luminarias que están incluidas en la santidad de esta tribu brillen para mi, para darme comprensión e inteligencia en Tu Torá y en mi temor de Ti, para hacer Tu voluntad todos los días de mi vida…”.

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Reé – Es Cuestión de Perspectiva

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“Uno debe ser audaz como el leopardo, ligero como el águila, veloz como el ciervo y fuerte como el león para cumplir con la voluntad de nuestro Padre Celestial”. Dicho Talmudico

La lectura de esta semana, Reé1 , comienza con el versículo “Mira que pongo delante de ustedes la bendición y la maldición.”

Nuestros sabios explican que las “bendiciones” y las “maldiciones” de la vida son resultado de cómo miramos las cosas.

Quiero compartir dos ejemplos de este concepto.

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El ciervo y el águila

La semana pasada tuve, gracias a D-os, una buena dosis de Najes. Estuve en Buenos Aires para celebrar el Brit Milá de nuestro nieto porteño, Tzvi Hirsch Shemtov quien lleva el nombre de su bisabuelo, Rabino Tzvi Hirsch Chitrik, A”H. Tzvi Hirsch quiere decir “ciervo” en hebreo e Idish, respectivamente.

En el brindis se habló sobre el significado del nombre mencionando la apertura del Shuljan Aruj (Código de Leyes Judías) que cita el dicho talmúdico que dice que “uno debe ser audaz como el leopardo, ligero como el águila, veloz como el ciervo y fuerte como el león para cumplir con la voluntad de nuestro Padre Celestial”.

El Shuljan Aruj explica qué quiere decir cada una de dichas características aplicadas en la práctica:

“Audaz como el leopardo” se refiere a no dejarse impresionar por los que se burlan de uno por su conducta religiosa.

“Ligero como el águila” se refiere a la rapidez para desviar la vista de lo que no debe mirar.

“Veloz como el ciervo” se refiere a la velocidad para correr a hacer buenas acciones.

“Fuerte como el león” se refiere a la fuerza para controlar y dominar el instinto de uno.

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Planteé una pregunta que hace mucho me llamaba la atención: la velocidad del ciervo se expresa cuando se escapa de su depredador y la velocidad del águila se ve cuando persigue su presa. ¿Por qué, entonces, cuando la Mishná aplica las cualidades de estos dos en la práctica de la conducta humana, se lo hace al revés, aplicando la velocidad del águila al escape (del mal) y la rapidez del ciervo a la persecución (del bien)?

Mi hijo Mendy planteó la siguiente solución.

La rapidez del ciervo es el resultado del miedo. Corre cuando está huyendo del peligro. La rapidez del águila es el resultado de su ambición. Se manifiesta cuando persigue la presa que le servirá de alimentación para él y sus pichones. Ambos corren como resultado de sus respectivos instintos. El hombre, en cambio, aplica dichas cualidades con criterio. Es la huida del mal lo que lo impulsa a hacer el bien y es el afán por hacer el bien lo que lo ayuda a escaparse del mal.

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Ligero como el águila.

Funciona así: Si uno es motivado por hacer el bien únicamente por el beneficio que le puede producir, es capaz de decidir que tiene suficientes logros y no necesita ser tan ambicioso. Lo lleva a aflojarse en el desempeño de su misión de vida. Ahí es cuando la característica del ciervo, la huida del peligro, lo puede ayudar. El miedo a caer en manos del mal lo empuja para que se dedique a hacer el bien. Aunque se conformaría con menos logros, el miedo de caer en manos de los males que vienen como consecuencia del ocio lo motivan a seguir adelante. Cuando uno escala una montaña si no sube, cae.

Conversamente, cuando se trata de apartarse del mal, uno puede estar motivado por el temor a las consecuencias o puede evitar el mal por estar demasiado ocupado con hacer el bien.

El águila no tiene tiempo para mirar donde no debe porque está concentrado con atrapar su presa.

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El ejemplo del Rey David

Dicen nuestros sabios que el Rey David había eliminado su instinto al mal por medio del ayuno. ¿Qué tiene que ver el ayuno con la eliminación del instinto negativo?

Una posible explicación: el Rey David estaba tan ocupado con hacer el bien que no tuvo tiempo para comer. Fue eso, la ocupación constante con lo positivo, lo que no dejó lugar para que el instinto al mal prospere hasta el punto de lograr eliminarlo totalmente.

Comprobando la existencia de D-os

Tuve la oportunidad de participar el fin de semana en un encuentro internacional de jóvenes judíos organizado por el Centro para la Juventud de Buenos Aires. En dicho encuentro, realizado en Cariló, Argentina, participaron unos 250 jóvenes con el objetivo de profundizar sus conocimientos y compromiso judíos.

Tuve muchas conversaciones interesantes y profundas de las cuales aprendí mucho.

Quiero compartir aquí una síntesis de una de ellas.

“Che, Rabino,” me dice Facundo en medio de una conversación. “Tiendo a ser más bien ateo. ¿Puede Ud. comprobarme que D-os existe?”

“No existe semejante prueba,” le dije. “El mundo fue creado de tal manera que permite a la persona elegir entre creer y no creer en D-os. Es por eso que la palabra hebrea por “mundo” es Olam, de la misma raíz que la palabra Heelem, o sea, ocultamiento. Creer en D-os es una decisión personal tuya.”

“Wow,” exclamó el joven. “Es la primera vez que escucho de un Rabino Ortodoxo que diga que no se puede comprobar la existencia de D-os. Es justo lo que necesitaba escuchar. Gracias.”

Me dejó pensando. Paradójicamente, ayudé al joven a entender la existencia de D-os, justamente al explicarle como no había cómo comprobar su existencia.

Uno pensaría que si una afirmación es “incomprobable”, ¿por qué debería uno tomarlo en cuenta? Pero depende de cómo uno lo mira. Puede ser justamente al revés: el hecho de que no sea “científicamente” o “matemáticamente” comprobable, hace que sea una cuestión de elección personal y le da otro sentido a la relación que resulta.

¿Con quién preferirías casarte, con alguien que te quiere porque fue “científicamente comprobado” que son compatibles como pareja o con alguien que te elige a pesar de no haber ninguna “prueba”de que son el uno para el otro?

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Maimónides abre su Mishné Torá diciendo que “el fundamento de los fundamentos y el pilar de las sabidurías es saber que hay una existencia primaria de la cual todo proviene”. No dice que hay que creer, sino que hay que saber.

“Saber” no es necesariamente el resultado de “pruebas”. ¿Se puede comprobar que matar a un inocente está mal? No hay “prueba” que valga. Es axiomático. Uno sabe que está mal asesinar a un inocente sin poder “comprobarlo”. Tampoco tiene necesidad de “pruebas”; es evidente. Similarmente, uno puede saber que D-os existe sin necesidad de tener “pruebas”.

Como dijimos al principio, todo depende del cristal por el cual uno mira2 .

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